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Entrevista +D: José Luis de Vicente

23/11/2016

Después de una larga carrera como periodista, José Luis de Vicente se unió el año 2013 a Sónar+D como comisario. Hoy charlamos con él sobre la trayectoria del congreso, y de cómo ha trasladado su interés en la cultura digital, el arte y la innovación social a un line up que entrelaza a las comunidades creativas, tecnológicas y empresariales.

¿Qué es lo más emocionante del proyecto de Sónar+D?
Yo soy un enamorado de este tipo de iniciativas; fui público del festival muchos años antes de incorporarme al equipo. Son entornos mutantes, abiertos e intersticiales. Son una especie de corte de sección, corte longitudinal de muchas comunidades distintas, de lo que las une y las diferencia. No puedo con los entornos sectoriales. Lo que sólo se puede hacer en el museo, por ejemplo. Normalmente, las conversaciones en esas comunidades ‘cerradas’ son mucho menos interesantes que las que buscan la exploración y aquellas preguntas sobre las que nadie está seguro aún.

Ese ha sido el papel de la tecnología; es la disciplina que ha abierto más interrogantes.
Sí, siempre ha propuesto espacios de especulación. Más que una fascinación por la mera promesa de la tecnología, me gusta ese papel de agente ajeno, de ‘alien’ en las comunidades creativas. Todos los problemas serios de nuestra época son interdisciplinares, lo que significa que es necesario abordarlos desde el pensamiento híbrido.

En tu visión y planteamiento de las líneas temáticas de Sónar+D se nota tu formación periodística.
Casi toda mi trayectoria ha girado en torno a las connotaciones culturales, económicas, sociales, éticas y estéticas de las nuevas tecnologías. En otros entornos, la pregunta se planteaba como: ¿de qué manera la irrupción de lo digital va a cambiar nuestro modo de hacer las cosas? En Sónar+D es simplemente: unamos lo que ya está ocurriendo, y a ver qué pasa.

¿Qué ideas preconcebidas debe vencer alguien no iniciado en la cultura digital que crea que “no va a entender” Sónar+D?
Hay un perfil de espectador/usuario que comprende enseguida por qué creamos este espacio en el que hay ciencia, desarrolladores, hackers, música, emprendedores, makers y nuevos ámbitos de investigación. ¿Por qué? Porque cada vez nos definimos menos como partícipes de una única disciplina, profesión o ámbito de trabajo. Eso, de hecho, ya estaba en el adn de Sónar: nació como un festival donde los músicos no eran sólo músicos. Esta mezcla para algunas personas es aún complejo de leer, pero creo que cada vez habrá más visitantes de ese perfil que no se encuentra cómodo en compartimentos estancos.

¿Qué recuerdas del germen del congreso, hace cinco años?
Algo que fue determinante en el nacimiento de +D fue detectar esa tendencia de un mismo creador a ‘cambiarse los sombreros’, a operar desde diferentes estadios creativos. Y que esa actitud no es una aberración intrusiva, no es una rareza, no es algo estadísticamente insignificante sino netamente contemporáneo.
Cuesta explicar sintéticamente este concepto, así que me quedo con aquella definición que leímos una vez, “ravers with a PhD”.

Ponme un ejemplo concreto de ese perfil multidisciplinar 100% +D.
Kate Crawford
, una de nuestras invitadas de la pasada edición, es investigadora de Microsoft Research, profesora, articulista, fundadora de un colectivo de ciberfeminismo, en Australia tiene un sello de electrónica… Y no son sus hobbies: su práctica académica engloba todo eso.

¿Hay alguna disciplina que estos últimos años te haya ido interesando más y más?
Hace diez, doce años me centré mucho en big data. Fue muy curioso ver que algo tan supuestamente aburrido y burocrático como la estadística de golpe fuera sexy. Otro tema que ha subido a la palestra son las infrastructuras -desde quién es el propietario de los cables submarinos que cruzan el planeta y permiten la connectividad hasta quién regula el espectro electromagnético (que define dónde puedes tener una licencia de telefonía móvil o una radio). Ahora estoy trabajando mucho en el tema del cambio climático, en parte porque estoy preparando una exposición para el 2017 en el CCCB, con el ilusionante título de “Después del fin del mundo”. No es una muestra para prevenir los efectos sino para empezar a reconciliarnos con la idea de cómo sobrevivir a esa nueva realidad.

¿Cómo eliges tus intereses y especializaciones?
Yo me defino como un diletante. Tengo un conjunto de sensores que me avisan de dónde hay ideas interesantes, me dicen “por aquí va pasar algo”, y creo que lo que más valioso que tengo es mi intuición.

¿Qué has visto últimamente que te haya gustado muchísimo?
Cuando estuvimos en TodaysArt (La Haya), quienes participan con nosotros en el proyecto We Are Europe, vimos a este chico, Tarik Barri, que ha hecho visuales para Thom Yorke, Nicolaas Jaar, Monolake o Paul Jebanasam. Espectacular. Expresionismo abstracto explotando en la sala. Tiene ese doble potencial que es no parecerse en nada a algo que ya exista y no parecerse en nada a sus coetáneos.

Háblanos un poco de la próxima edición de Sónar+D.
Aún no ha llegado el momento del año en que anunciamos nombres, pero es interesante ver cómo nosotros mismos nos ponemos los límites acerca de qué cabe y qué no cabe en esta cita. Cómo no dejarse cegar por los propios gustos e inclinaciones. Un festival no se programa en plan traigo las veinte cosas que más me han gustado; seleccionas lo que crees que es relevante en ese momento y lo será más en el futuro. A la vez, hay una fricción interesante entre qué es adecuado para Sónar+D sin por ello encerrarnos en una caja que no nos permita avanzar.

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